Ayer, para decepción de la marca Renfe, conocimos a través de la prensa una vez más, la retirada de la compañía de su proyecto de llegar a París con la alta velocidad.
Desde UGT ya venimos advirtiendo, desde 2025, que retirarse no es una opción para una empresa de prestigio en un entorno de competencia, liberalización y crecimiento. La presencia de Renfe como compañía pública operadora ferroviaria en sectores internacionales, ya insistimos, es estratégica para el crecimiento de la plantilla e incluso para el país. Lo contrario es hacer nuestra empresa cada vez más reducida, denigrando un potencial propio que ha sido ya demostrado, pues cuenta con los mejores y las mejores profesionales del sector para poder operar donde se fije el objetivo. Renfe ha demostrado su capacidad para competir en América del Norte, en Oriente Medio y en Europa.
El proceso de deconstrucción de nuestra operadora ferroviaria parece atender al objetivo de desvirtuarla, impedir que pueda crecer. Obligar a hacerse más pequeña, a renunciar a ser un líder de referencia europeo y global, empequeñecer la marca que llevamos con orgullo los ferroviarios y las ferroviarias es menospreciar el trabajo de toda la numerosa plantilla que cada día destacan por su profesionalidad y dedicación, que luchan por sacar el servicio adelante enfrentándose a las adversidades. Es condenar, la plantilla pierde a futuro, los ciudadanos y ciudadanas también, mientras los ganadores están claros, el resto de empresas competidoras que se arriesgan, que invierten para tener futuro allí donde pueden, sin escatimar esfuerzos. Un proyecto empresarial fundamental para crecer, esfuerzos tirados a la basura con papel mojado.
Renunciar es ceder y perder. Lo más triste es hacerlo sin tan siquiera haber plantado batalla, sin haber intentado luchar por conseguir el objetivo estratégico. A no ser que éste sea otro. Desde luego la retirada de este proyecto en ningún momento es porque las diferentes plantillas que forman el gran equipo ferroviario tengan incapacidad para liderar el sector ferroviario, pues lo demuestran a diario desde todos los niveles.
Sin embargo, sin estrategia, sin ambición y sin excelencia en el servicio no estaremos preparados para enfrentar los nuevos retos del mercado, para crecer y contar con un mayor número de trabajadores y trabajadoras, con inversión que se pueda traducir en resultados y crecimiento. Si otros lo han logrado ¿por qué se veta a Renfe desde dónde se debe defender?
Siempre nos quedará París, aunque ahora nos nieguen que nuestro tren sea una opción. Esperemos que la alternativa no vaya “sobre ruedas”.
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